Amor por las BSA

LAS MOTOCICLETAS BRITÁNICAS BSA, AHORA PROPIEDAD DE LA MARCA INDIA MAHINDRA, TIENEN UNA HISTORIA QUE SE REMONTA A INICIOS SIGLO XX

Por Willy Hierro Allen Fotos: Rebeca Valdés Espinosa

2022-09-26T07:00:00.0000000Z

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Exclusivas Latinoamericanas

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CLÁSICA

La marca de motocicletas de origen británico BSA, que llegó a ser el mayor productor de motos del mundo en su momento, tiene en Cuba un enamorado: Raúl Estopiñán. Es un longevo de 78 años, ingeniero de profesión y mecánico de corazón, inventor y «loco» a las «dos ruedas». Sí, porque allá por los 70 fue premiado con un automóvil FIAT modelo 125 (argentino) y, aunque no deja de usarlo «en gestiones», prefiere cabalgar su añeja BSA 500 cc de 1954. Pero tal «locura» (que solo podríamos entender los que amamos las dos ruedas) le viene a Raúl desde mucho antes, cuando vivía en el campo. Cuenta que a principio de los 60, montó un motor estacionario inglés Brig-Straton en una bicicleta Niágara, y luego en una bicicleta soviética XB3. Tan bien le quedó que hasta permiso de circulación y chapa le dieron. Ya era evidente: ¡Raúl Estopiñán quería tener una moto! Los esfuerzos y el ingenio no faltaron. Con el tiempo, Estopiñán montó su taller en el barrio de Cayo Hueso, en La Habana, porque ingeniero general, de los de antes, conoce de tornería, de montaje industrial, de transporte, de construcción de piezas, de resistencia de materiales y de mucho más. Aunque se ha especializado en la dirección de los automóviles, lo que le gusta son las motos. Y le gustan a tal punto que involucró a su hija Danay, quien conduce (por supuesto) una BSA 650 cc de 1956. Pero ¿de dónde viene su preferencia por las BSA? La historia está en su propia moto. Resulta que un primo, residente en la provincia Ciego de Ávila, le contó de cierta «motocicleta invencible». Un mecánico, también inventor, que en su taller cortaba y soldaba bielas de motores de combustión, era el dueño. Y no se distinguía por ser afable, para correr contra su moto (BSA) había que jugárselo todo, incluida la moto retadora. A Ciego de Ávila se fueron Raúl Estopiñán y su primo, en el año 2007, para conocer a esa «BSA invencible». A pesar de su decepción porque la tal BSA era usada en el acarreo de viandas, con un tráiler, del campo a la ciudad, se sentó a pactar con el dueño. Regresó con la moto para La Habana. No quise preguntar cuánto le costó porque los sueños no tienen precio. Y ahí está, en cada reunión del club de motos LAMA. Me dijeron que él es el motorista más viejo y yo sé (después de conversar) que es el más feliz.

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