ESENCIA EN VERSIÓN LÍQUIDA

POR: GUILLERMO CRUZ ALCUBIERRE , MEJOR SOMMELIER DE ESPAÑA EN 2014 FOTOS: CORTESÍA DEL AUTOR Y ARCHIVO EXCELENCIAS

2022-08-05T07:00:00.0000000Z

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Exclusivas Latinoamericanas

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INVINOVERITAS

Hoy en día, el lujo tiene muchos caminos. Pero es cierto que, en los últimos tiempos, hemos podido ver diferentes caras de la moneda del propio lujo: lo que antes era ostentoso, hoy es demasiado evidente y lo que antes era elitista, hoy está alejado de la realidad. En la actualidad, conocemos un lujo, más aterrizado, basado en el compartir y en el democratizar, en volver al inicio, fundamentado en vivir experiencias irrepetibles y en buscar estímulos emocionales que sean únicos. Las historias son una preciosa manera de comunicar universos desconocidos, lo que las convierte en recursos valiosos para el mundo del vino; una manera de democratizar los vinos de nivel y hacerlos comprensibles tanto para expertos como para quienes no tienen conocimientos especializados, pero sí interés o sensibilidad para apreciar el alma que se esconde detrás de una botella. Las historias llegan a lo más profundo de las personas y tienen efectos inimaginables, logrando incluso que alguien viaje a un recóndito paraje en el que nunca había estado. Una persona con la suficiente sensibilidad e intención puede ser capaz de embotellar rincones que desafían con sus pendientes a la gravedad y al empeño de vendimiar de los seres humanos. Los vinos con sentimientos son probablemente los más versátiles que existen hoy en día y los que requieren una combinación de fortaleza física y sensibilidad intelectual en quienes tienen el proceso en sus manos. Resulta innegable que todos los vinos están íntimamente ligados a su entorno; si no lo estuvieran, no serían vinos, sino algo totalmente distinto. En el caso específico del vino Riesling, por ejemplo, esa relación es especial, mucho más intensa, debido al profundo respeto al entorno que subyace en sus productores. Recordemos que los viñedos para producir esta apreciada variedad encuentran en las zonas frías y montañosas el lugar ideal para crecer. Esas pendientes imposibles, lugares de imposible acceso, viñas muy viejas en las que la mecanización está prácticamente vetada por la naturaleza como si de una blasfemia se tratase, hacen que estos vinos sean lo que son. El hecho de que solo el hombre pueda acercarse a las vides, en detrimento de las máquinas, obliga a un entendimiento entre el ser humano y la naturaleza. Y ese respeto para no supeditar el territorio a los caprichos del hombre es la garantía para las buenas botellas. Detrás de esa conversación basada en el respeto se esconde un proceso incómodo, repleto de obstáculos y esfuerzos. A la fortaleza física de la vendimia le sigue un proceso de mentes sensibles que saben interpretar estos vinos. La incomodidad es una potente herramienta creativa y un instrumento para desafiar los límites de cada uno. En el mundo del vino, la incomodidad puede ser sinónimo de aterrizar en lugares lejanos y no conformarse con lo que uno sabe, sino adentrarse en toda una cultura, entender su técnica y asumir el reto de preservar la tradición pese a no ser la de uno mismo. El reto de cambiar para que nada cambie, es algo en sí innovador, ya que supone una regresión al pasado, como homenaje a nuestros antepasados, a todo el trabajo que ellos desarrollaron, exponiendo su legado como ejemplo arrollador. Todo esto puede transmitirse a cada botella, y cuando sucede, se convierte en algo precioso. Pienso que algunos de los mejores vinos del mundo surgen de viñas viejas… En un viñedo joven y conducido en espaldera, hay una interpretación grupal, es algo así como entender a un grupo de individuos, con el mismo año de plantación y el mismo clon. En un viñedo viejo y en vaso, es preciso interpretar a cada individuo de manera particular, ya que hay diferentes variedades e incluso diferentes clones; es un ejercicio de inteligencia emocional apasionante. Citaré un breve texto de José Alfonso Sierra, que habla sobre las viñas viejas, Viejos guerreros: “Como viejos guerreros de tantas batallas curtidos, retorcidos y cansados, pero enhiestos. Prestos a dar la última o, la penúltima... ¡ Quién dijo final! La siguiente será calificada de excelente, de ligeros racimos, sueltos, cascabeleantes, agitados por el viento, apretados por los fríos, revenidos por el calor. Rotos hasta la extenuación, pero ¡ llenos de gloria!”. En sí una vuelta al ámbito rural es como una vuelta a la belleza, un retorno al paisaje más emocionante. El paisaje en sí constituye una realidad dinámica, ya que es el resultado de procesos ambientales, sociales y culturales que se han sucedido a lo largo del tiempo en el territorio. Estos procesos están marcados por los modos de vida, las políticas, las actitudes y las creencias de cada sociedad. Es fundamental conocer la evolución histórica del paisaje, identificar sus principales rasgos, para poder actuar a favor de la salvaguarda y el fortalecimiento de los valores culturales y ambientales que definen su carácter e identidad. El futuro del paisaje depende de las actuaciones que se llevan a cabo en el presente, para obrar con coherencia y asegurar su futuro y continuidad. Lo rural y lo sencillo nos llevan de vuelta al pasado y a la paz, y fomentan valores de tranquilidad y otra forma de amor y cooperación entre los pueblos en los que todos formamos una gran familia. Sentimiento de pertenencia, de buscar un futuro mejor y sin lugar a dudas, de génesis, volver a donde todo comenzó. Ese organigrama de singularidad representa en sí una vuelta a la esencia. Cuando esto se transforma en versión líquida, aquellos elixires en forma de botella de vino son insuperables, cargando sobre sí una impronta de alma que supera todo lo establecido.

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