Publication:

Excelencias Turísticas del caribe y las Américas - 2021-11-01

Data:

El bienestar, una tendencia posCOVID-19.

TURISMO Y SALUD

TEXTO: MSC. MARIA DEL CARMEN BATLLE ALMODÓVAR, CENTRO NACIONAL DE GENÉTICA MÉDICA FOTOS: ARCHIVO EXCELENCIAS

La pandemia de COVID-19 ha facilitado la aceleración de un proceso que ya estaba en marcha desde hace varios años, como es el interés personal por el cuidado de la salud desde un punto de vista más preventivo y menos asistencialista. La preservación de la salud mental, tan afectada en estos meses de enfrentamiento al SARS-CoV-2, la preocupación por contar con un sistema inmunológico fuerte que pueda hace frente a la enfermedad, así como el tratamiento de las secuelas posteriores a la misma, son temas de preocupación general actual. Cuando los sistemas de salud se encuentran deprimidos y las personas no pueden acceder a ellos de forma normal—como lamentablemente ha ocurrido en los últimos casi dos años — la mortalidad directa por la pandemia, como indirecta por enfermedades prevenibles aumenta a nivel global, y ha resultado evidente que las personas más saludables, con menos comorbilidades, y con mejores estilos de vida, han llegado en condiciones más favorables a esta emergencia sanitaria. Un tema como la prevención de las enfermedades no transmisibles a partir de la modificación de los hábitos de vida cotidianos, cobra especial actualidad. Entre ellos se puede citar la detección temprana de enfermedades, incentivar la actividad física y promover la alimentación saludable. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) las enfermedades crónicas no transmisibles provocan el 63 por ciento de las muertes anuales a nivel mundial, y varias de ellas alcanzan incluso la categoría de epidemia. Rutinas tan sencillas como establecer horarios para trabajar y descansar, hacer ejercicios físicos, si es posible al aire libre, de forma habitual, y que la ingestión de las comidas sanas se efectué en horarios fijos, pueden hacer la diferencia. Igual atención merece la salud mental, la cual, como parte de la salud integral del individuo, también es motivo de estudio desde hace mucho tiempo en todas las latitudes, y por una buena razón. Un cuerpo saludable coadyuva a prevenir las enfermedades cardiovasculares y diabetes y ayuda a mantener la independencia del individuo frente al proceso natural del envejecimiento. La salud mental tiene similar importancia que física para un balance adecuado de la salud integral. La nutrición es también un pilar fundamental para la salud y el desarrollo humano. Es un aliado indispensable para reducir el riesgo de sufrir enfermedades no transmisibles —como la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares— y prolongar la vida. En el contexto de la pandemia ha sido muy importante identificar los alimentos más adecuados para el reforzamiento del sistema inmunológico en la población. Diversos estudios han señalado grupos de comestibles que refuerzan el sistema inmunológico frente a las enfermedades respiratorias virales, entre ella la COVID-19. Entre los mismos se encuentran: vegetales y frutos rojo-anaranjados, aves de corral, espinacas, arándanos, té verde y germen de trigo. También es importante señalar que los frutos secos tales como almendras, maníes y nueces aportan Omega 3, proteínas, zinc y calcio, indispensables para la armonía funcional de nuestro cuerpo. Este enfoque desde la prevención, tanto por el individuo como desde los propios sistemas de salud y los gobiernos reviste una importancia cada vez más actual. Cuando se habla de medicina preventiva no es limitarse a un análisis de sangre al año. Son todos los planes de salud pública integrados para buscar mejorar y promover el estado de salud de un país completo. Cada acción que se tome a favor de un futuro más saludable es una forma de medicina preventiva. Los programas de vacunación, chequeos generales e instrucciones educativas son pilares fundamentales, ya que permiten a la población conocer los posibles riesgos a los que se enfrentan y de esta forma, con sus recursos, evitarlos. En este sentido, sectores como la industria turística han visto reflejadas estas inquietudes de las personas, en su caso específico con el aumento sostenido —en 2017 habían aumentado un 43%— de los viajes enfocados en la salud y el bienestar, incluso antes de la llegada del SARS-CoV-2. Es lógico pensar que se mantendrán en alza en un futuro, con un perfil de turista que supera los 55 años como promedio, según datos del Barómetro Turístico de Braintrust. Los centros de aguas termales en destinos como Ourense, Galicia (España), por ejemplo, ya prevén una reactivación para los próximos meses, sobre todo asociada a estudios que evidencian sus propiedades terapéuticas en el tratamiento de secuelas posCOVID.

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