Orden del Camino de Santiago. Un antes y un después.

EL SER DAMA O CABALLERO ES SINÓNIMO DE CALIDAD HUMANA, PRESTIGIO Y DEFENSA DE VALORES MORALES, PUES REPRESENTAN EL LEGADO DEL APÓSTOL SANTIAGO

TEXTO: ARMANDO DE LA GARZA FOTOS: ARCHIVO EXCELENCIAS

2023-01-11T08:00:00.0000000Z

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Exclusivas Latinoamericanas

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HISTORIA

La Orden del Camino de Santiago tiene su sede en Santiago de Compostela, la misma que realiza su capítulo general el sábado anterior al 25 de julio, fiesta del Apóstol Santiago. En ese día, se nombran nuevos Caballeros y Damas entre distintas personalidades que han sido invitados por un miembro y aceptado por un consejo de distinguidas personalidades. Los Caballeros y Damas tendrán la obligación de realizar un tramo del Camino de Santiago una vez en la vida, todos los Años Santos ganar las gracias Jubilares y participar, en la medida de sus posibilidades, en los actos organizados por la Orden. Nuestra orden está dirigida por un gran Mestre, Miguel Pampin; un canciller, Alejandro Rubín Carballo, y un mariscal, Alfonso Barcia. La conforman al día de hoy 1 430 Damas y Caballeros distribuidos en todo el mundo, 18 consejeros y 48 comendadores. Para ser Caballero o Dama de la Orden del Camino de Santiago se debe ser nombrado primeramente novicio. Este paso previo a la investidura servirá como introducción a una serie de responsabilidades morales y sociales. El ser Dama o Caballero es sinónimo de calidad humana, prestigio y defensa de valores morales, pues representamos el legado del Apóstol Santiago. Nuestra esencia son los valores que llevaban intrínsecos los Caballeros en la Edad Media: honor, lealtad, justicia, humildad, nobleza y generosidad. El día que fui invitado como miembro, me expresaron que al obtener la investidura tendría en mi vida un antes y un después, hecho que viví como una realidad. Nuestra hermandad es muy fuerte. LA HISTORIA DEL CAMINO DE SANTIAGO En el origen del Camino de Santiago, solo existía la alternativa del llamado «Camino Primitivo», una accidentada ruta que atravesaba montañas y ponía a prueba la fe de los creyentes. Conocido también por Camino de las Peregrinaciones o Ruta Jacobea, se encaminó hacia la piedad de miles de peregrinos durante siglos, desde que el sepulcro del Apóstol Santiago, patrón de la peregrinación a Compostela, se descubrió en el primer tercio del siglo IX. A partir del siglo XI se conoce como Camino de Santiago por antonomasia y, desde esta fecha, tiene más notoriedad principalmente el Camino francés, denominación de mayor antigüedad y persistencia. Con el descubrimiento de la tumba de Santiago por el obispo Teodomiro, en torno al año 810 y bajo el reinado de Alfonso II el Casto, comenzó una de las peregrinaciones más consideradas de la cristiandad con destino a Compostela. La ruta jacobea pasa por diversas etapas: desde su época floreciente durante los siglos XI y XII desde diversos lugares de Europa partían numerosas rutas hacia Compostela. Así los peregrinos que salían de Francia podían seguir los cuatro caminos siguientes: la vía tolosana, de Arlés a Somport, pasando por Tolosa; la podianense, que arranca de Puy, con estancia en Conques y Moissac; la limosina, desde Limoges por Perigueux; y la vía turonense, seguida por los peregrinos del Norte de Europa, con escala en Tours, Poitiers, Burdeos, etc. Las tres últimas se reunían en Ostabat para cruzar los Pirineos por Roncesvalles, mientras que la primera ruta los atravesaba. Desde Italia los peregrinos se encaminaban, partiendo de Roma, hacia Arlés y Génova, por la costa; de Rávena a Milán; de Venecia a Milán y Lyon; y de Milán a Génova y Arlés. Los alemanes, cuando no lo hacían por la costa, realizaban su peregrinaje por Aquisgrán y Colonia. Ya dentro del marco peninsular, el Camino francés era el más seguido; como tal aparece en las guías que muchos peregrinos dejaron en testimonio de su viaje a Compostela, así como en el Códice Calixtino. Esta vía principal ofrecía numerosas ramificaciones que enlazaban santuarios de distintas partes de la Península y que se fueron introduciendo lentamente como motivo de peregrinación. Del Camino francés, menciona 13 jornadas o etapas a realizar por los peregrinos desde que atravesaban los Pirineos a través de Somport o Roncesvalles. Las mismas serían Viscarret, Pamplona, Estella, Nájera, Burgos, Frómista, Sahagún, León, Rabanal, Villafranca del Bierzo, O Cebreiro, Triacastela, Palas de Rei y Compostela; o bien desde San Juan de Pie de Puerto a Roncesvalles y Pamplona. La ruta del Camino francés en Galicia, es el más reconocido y recorrido iniciando principalmente en Sarria Galicia. Ahí el peregrino encuentra uno de los obstáculos más difíciles que se le presentan a lo largo del camino. Sarria se atribuye a un hijo bastardo del marqués de Sarria y una leprosería que podría datar del siglo XV. Desde Sarria, por Barbadelo (con monasterio dependiente de Samos, escogido, según Aymerico, por los criados de los hosteleros compostelanos a fin de embarcar a los romeros con fraudulentas recomendaciones de posadas en Santiago), se llegaba a Portomarín, famoso por su puente y hospital que recibió especiales cuidados de los monarcas y fue objeto de numerosas donaciones. A partir de Portomarín, el camino de los peregrinos subía, entre el Ulla y el Ferreira, hacia Cortapezas y Gonzaer; cruzando luego el río y lugar denominado Hospital da Cruz, se descendía a Lipondi, Lestedo y Palas de Rei, a cuya villa se llegaba después de haber pasado por Vilar de Donas, con monasterio cedido a la Orden de Santiago en 1184. Carballal, Leboreiro y Melide, éste con hospital, eran las próximas paradas. Ya más cerca de la mata compostelana, el peregrino recorría Boente, Castañeda, Arzúa, Ferriros, Dúas Casas, Lavacolla (donde tenía lugar el baño de los romeros) y entraba en la ciudad del Apóstol. Las primeras noticias concretas sobre el camino datan del siglo XI, cuando Sancho el Mayor lo hizo recorrer directamente desde los pirineos hasta Nájera, ahorrando así la desviación que el peregrino debería tomar a Álava. En el siglo XII el Camino sufre algunas alteraciones, porque los monasterios u hospitales al margen de la ruta provocaban desviaciones. A comienzos del siglo XIII, con la incorporación de Álava y Guipúzcoa a la corona de Castilla, tuvo el reino comunicación directa con Francia, de cuya nueva situación surge el problema de las rutas y la preocupación por los caminos El camino portugués a Compostela, realizado por tierra y por mar, partiendo de Coimbra. Su ruta hacia el Apóstol es menos rígida, como en los lugares visitados, en esta ruta aparecen múltiples monasterios en toda la Península. La responsabilidad de los caballeros de la Orden del Camino de Santiago era proteger a los miles de peregrinos procedentes de territorios ganados en Holanda e Inglaterra. Luis XIV prohibió la salida de peregrinos sin su consentimiento previo y Felipe II exigía una carta jurada, expedida por la justicia del lugar, además de un itinerario al que el romero debía ceñirse. A partir de los años centrales del siglo XVII, la peregrinación declina progresivamente hasta su evidente decadencia en el siglo XIX, las peregrinaciones tienen momentos álgidos en los llamados años de perdonanza, durante los cuales acude gran número de peregrinos en búsqueda de la gracia especial del jubileo, privilegio otorgado por Alejandro II, siguiendo el camino de su predecesor Calixto II, creador del Año Santo. La peregrinación a Santiago de Compostela tuvo una importancia socioeconómica y humanística considerable como receptor y vehículo de renovación comercial y cultural, si bien muchos fenómenos ocurridos durante el siglo. XI en los reinos peninsulares son debidos, más que a las peregrinaciones en sí, al auge económico que lleva consigo. Un aspecto parcial de tales fenómenos que atañe directamente al Camino francés. El fenómeno de la peregrinación fue decisiva para la repoblación de territorios, dio impulso al desarrollo del comercio y a la evolución de las instituciones, que creó una clase media de mercaderes, artesanos y posaderos, inexistente hasta ahora en el país. Actualmente existen: El Camino Francés, Camino Portugués, camino del norte, el camino de Finisterre, el Camino Inglés, el camino primitivo, el camino lebaniego, el camino de los faros y la Vía de la plata. Lo singular del Camino de Santiago radica precisamente que va mucho más allá de su territorialidad. No solo propicia el intercambio entre naciones debido a los peregrinos que se hermanan en la ruta, la influencia en materia cultural y patrimonial rebasa sus fronteras.

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